Ella llevaba entre las piernas un sol de otoño, amarillo pálido casi como sus cabellos. Llegué, como siempre, tarde a la cita,una fría merienda de agujeros nos esperaba,otra más.
Sabía de sus dolores,de ese pozo relleno de mugre y miedos.
Ella paseó su mirada desde la vereda, marcó distancia con todo su cuerpo, sus manos hicieron de cerco en un rincón del sofá.
Quería abrazarla, decirle que siempre era posible ese otro hueco,la elipsis, allí pero dónde, cómo. /El hueco que se abre para que nos encontremos en otro espacio que tal vez compartamos hace mucho tiempo..../me dijo alguna vez.
Elipsis, donde los recuerdos todavía no existen
/verte escribir sobre mis mostros, escribir sobre los tuyos/
/verte escribir sobre mis mostros, escribir sobre los tuyos/
donde anticipamos nuestro pasado.....
Un espejo ameno, sin bruja, con manzanas asadas y canela.
Quería decirle tanto, pero fue una tarde de voces oscuras, es posible que sea el tiempo de otras miradas y pieles, quizás otro hueco
/la lluvia nunca llegó/.
/la lluvia nunca llegó/.
Solo nos encontramos al borde del sofá para darle el beso en la boca al muerto.
Hacía calor,había humedad y la boca estaba fría, tanto como el jugo de carrot power.
La otra Ella había transformado el hueco en un pozo, se había llevado hasta el teléfono y la tele, dijo, se llevó TODO, mientras miraba la finitud de la avenida Caseros.
Acaricié su cuello
/el deseo a veces es peor que las cucarachas/
y le dije,
no se llevó todo
no se llevó todo
tu risa, no se llevó tu risa.
El 10 en la parada la esperaba impaciente, casi no tuvo que correrlo.
Un beso desdibujado a mitad de la calle fue suficiente para seguir la vida hasta barracas.