"La función de la poesía es darle calma a los perturbados y perturbar a los que están en calma". David Foster Wallace

sábado, 1 de octubre de 2011

La ceremonia de la Exégesis y la Eiségesis.

Una noche de primavera nos sentamos en el sillón cada una con el pedazo del rompecabezas, como aquella vez que no logramos descifrar entre julio y agosto de un año par, hace tanto pero tanto ya.
Nos citamos, esta vez sin flores ni vino. Y creo que ninguna de las dos pensó en que era una cita, sino más bien el momento de llevar a cabo la ceremonia entre la Exégesis y la Eiségesis.
Sacar afuera el crimen, aquella frase, esa carta olvidada, el perro chiquito que se suponía inofensivo y que podía matarse sin más. También salió ese recorrido áspero, sinuoso y solitario por donde el perro tuvo que caminar,  chocándose con las piedras del amor  y las demás cosas de la vida. Despanzurramos minuciosamente el fracaso del perro no enterrado, y la imposibilidad de brindar por ese entierro, esa muerte.

No hubo olvido, ni perdón,  pero si, ahora creo que si, las palabras necesarias/justas/las que "cuidan las formas" [aunque faltaron algunas guardadas, muy guardadas].
Y ron, porque una ceremonia así necesita ron, y tabaco.
Y un ventanal con amanecer incluido.
Y boleros
y risas
y ese abrazo tan reparador para un sábado de sol, un abrazo que venía con retraso.


Al caer la noche me topé con este poema. Me quedó rebotando en la pupila, como un meta-mensaje para que cada una purgue sus historias. Un obsequio compartido/sobre todo la última estrofa/, porque a veces cuando te miro, me veo.
Y porque me quedé dormida y me pasé con el 134 y por primera vez crucé para el barrio por el puente viejo a pata. Y fue lindo ver el verde al costado del río, [no así sus aromas], y no pude dejar de pensar en eso de las mujeres puente y las mujeres puerto, y en todo lo que vivimos en ese tiempo que no supimos como cada cuál comía las milanesas ni con qué las aderezaba, si es que las comíamos, claro, teniendo en cuenta mi macrobiosis.


No basta con
decidir abrirte.


Debes hundirte los dedos
en el ombligo, con las dos manos
agrietarte,
derramar los lagartos y los sapos
las orquídeas y los girasoles,
virar al revés el laberinto.
Sacudirlo.


Sin embargo, no te vacías del todo.
Quizás una flema verde
se esconde en tu tos.
Tal vez no sabes que la tienes
hasta que un nudo
te crece en la garganta
y se convierte en rana.


Te cosquillea una sonrisa secreta
en el paladar
lleno de orgasmos diminutos.


Pero tarde o temprano
se revela.
La rana verde croa sin discreción.
Todos miran.


No basta con abrirte
una sola vez.
De nuevo debes hundirte los dedos
en el ombligo, con las dos manos
desgarrarte,
dejar caer ratas muertas y cucarachas
lluvia de primavera, mazorcas en capullo.
Virar al revés el laberinto.
Sacudirlo.


Esta vez debes soltarlo todo.
Enfrentar el rostro abierto del dragón
y dejar que el terror te trague.
—Te disuelves en su saliva
—nadie te reconoce hecha charco
—nadie te extraña
—ni siquiera te recuerdan
y el laberinto
tampoco es creación tuya.


Y has cruzado.
Y a tu alrededor espacio.
Sola. Con la nada.


Nadie te va a salvar.
Nadie te va a cortar la soga,
a cortar las gruesas espinas que te rodean.
Nadie vendrá a asaltar
los muros del castillo ni
a despertar con un beso tu nacimiento,
a bajar por tu pelo,
ni a montarte
en el caballo blanco.


No hay nadie que
te alimente el anhelo.
Acéptalo. Tendrás que
hacerlo, hacerlo tú misma


Y a tu alrededor un vasto terreno.
Sola. Con la noche.
Tendrás que hacerte amiga de lo oscuro
si quieres dormir por las noches.


No basta con
soltar dos, tres veces,
cien. Pronto todo es
tedioso, insuficiente.
El rostro abierto de la noche
ya no te interesa.
Y pronto, otra vez, regresas
a tu elemento y
como un pez al aire
sales al descubierto
sólo entre respiros.
Pero ya tienes agallas
creciéndote en los senos.

Gloria Anzaldúa (Valle del Río Grande, Texas, EE.UU, 1942-2004)




...un mondo diafano

A veces perdemos de vista eso que somos, eso que fuimos, (solo en los sueños, en la poesía, en el juego, cómo diría Julito en su morelliana, encender una vela, andar con ella por el corredor), y yo agregaría, por qué no, en los colores que andan por ahí o en los ojos de este "señor con muchas aceitunas en la cabeza", nos asomamos a veces a eso que fuimos, a eso que somos, aunque nunca tengamos la certeza (quién la tiene?).....porque como dice Hamlet Lima Quintana, unx es sus sueños, lxs amigxs, los amores, la sonrisa que lleva puesta y los calzones que tiene....Mi comunitas es una galaxia poblada de palabras, gestos, bichos simpáticos, mostros como el amigo de Galeano, o el que asusta a Tere... pequeñas cosas
éste, mi mundo, una experiencia que merece ser vivida.....